Hace unos días escribí “algo” sobre Piqué. Exterioricé lo que pensaba y es que es se trata de una persona sibilina, ambigua, confusa, que se iguala a la acción que desarrolla, digo esta frase, porque  se pierde en el tiempo. Puigdemont, como se está percibiendo, es persona  de poco fiar, oscura y si no,  “tiempo al tiempo”.

Su altanería ante los catalanes y España en general, se ha visto ensombrecida por la acción que ha tomado al ausentarse de nuestro país. Todo esto viene al vínculo en la relación que escribí sobre Piqué y de su cobardía, que se enraíza con la misma que ha exhibido el expresidente de la Generalitat, con la actitud arcaica de salir y abandonar a los “millones” de catalanes que le subieron al pedestal de la ironía y ridiculez.

 Algunos periodistas se están aprovechando de la crisis catalana para engordar, las flacas aportaciones que hacen a la ciudadanía. Ahora, alguno de ellos, están incidiendo en ahondar en el problema, para así desestabilizar y alarmar con las graves consecuencias a que pueden dar lugar.

Se puede escribir sobre el tema hasta la saciedad, pero todo desemboca en el fundamento, de que a través de la corta historia de los catalanes, han querido ser “lo mejor” de España. Los llamados “independentistas”, atesoran un resentimiento de odio y animadversión a todo lo que husmea español.  

Desde hace años, para ser más concluyente, desde la época de Puyol, de una manera solapada, se ha venido adoctrinando a  niños y adolescentes en los colegios, en donde también han intervenido las asociaciones independentistas. El engaño que somete a una parte de la ciudadanía catalana y que han creado un pedestal de preponderancia en donde se han instalado, con historias absurdas, con el ánimo de estar por encima de nosotros.  

Como conclusión, se puede manifestar que lo que se está produciendo en Cataluña es  muy grave, y después de las elecciones, el Gobierno debe estar muy alerta por lo que pueda suceder, ya que se ha demostrado lo vil, innoble y embaucadores que son estos sujetos.